viernes, 19 de marzo de 2010

cadena de eventos

Viernes 19 de Marzo de 2010 a las 09:00 hs.


Abro un cajón de mi escritorio en la oficina y se asoma entre el estuche de mis lentes y unas planillas de cómputos, la foto de un señor de mirada profunda y barba blanca y larga impresa en la portada de un libro. Se trata de Osho y su “camino de las nubes blancas”.

Y me detuve un instante a pensar cómo pasó que ese libro se encuentre en ese cajón esperando que lo lea de a poco.

El año 2003 se perfilaba como una etapa de cambios para mi vida. Pasaba el umbral de los “dieci” y cumplía veinte añitos.

Terminado ese año iban a quedar gravados en lo mas profundo de mi memoria momentos que añoro al recordarlos. Imágenes, pensamientos, personas, lugares, perfumes, experiencias…

En diciembre de 2002 un sanjuanino llamado Dante, organizó un curso de espeleología (investigación de cuevas) en su provincia. Yo fui uno de los invitados.

Era la primera vez que viajaba gratis. Pasajes, alojamiento y comida, todo de arriba.

Mi rol en ese curso era dar un taller de Topografía (yo soy Geógrafo) y eso fue lo que hice.

El curso se dictaba en el Aula Magna de la Universidad Nacional de San Juan. Y ahí estaba yo. Frente a mas de cien universitarios en un escenario donde daban cátedra personas extremadamente formadas. Ahí estaba yo. Flaquito como era, insignificante figura con un micrófono en la mano. Aterrado por cierto. Supongo que habrán pensado que iba a probar el micrófono, porque la verdad que no tenía aspecto de estar preparado para dar una clase.

Pero la dí. Fue un momento muy extraño. Y terminó con un gran aplauso. Agrandado estaba el enano.

Aparte de los cursos dictados en la universidad también hicimos unas salidas a algunas cuevas.

Rodeo, se convertiría en mi destino favorito para cuevear desde el momento que lo ví desde la ventana del ómnibus. Después de un breve paseo por algunas cuevas miré a los ojos a mi amigo Mario (un cordobés con el que hacía rato que nos juntábamos para hacer espeleo) y no hizo falta decir nada. Ya habíamos organizado un viaje de unos cuantos días para explorar la zona.

Pasó el tiempo y llegó el mes de Mayo de 2003. En la terminal de ómnibus de San Juan capital nos encontramos. Mario estaba acompañado con un guía de turismo del Parque Nacional Sierra de Las Quijadas (provincia de San Luis), nos presentamos y encaramos rumbo al Oeste.

Era en la fecha donde se tenía que votar la segunda vuelta de las elecciones que al final ganó Kirchner, pero no viene al caso aunque hay una anécdota con eso.

Fueron unos días absolutamente inolvidables. Pero la idea era pensar qué me llevó a tener un libro de Osho en mi oficina…

Dormir dentro de las cuevas, vivir como lo hacían hace miles de años me hizo conocerme un poquito mas.

Una vez que se nos acabaron las provisiones tuvimos que optar por volver a la civilización y dar por terminada nuestra gran aventura.

Estaba por comprar mi pasaje a baires y Daniel me ofrece ir a San Luis… ¿por qué no? Total mi novia pensaba que iba a llegar en dos semanas pero ya le calculó unos cuántos días mas… un mes.

Pasaron los días en San Luis, viviendo dentro del Parque Nacional. Armando una rutina.

Por la mañana, antes que amanezca me iba caminando unos doscientos metros hasta un barranco donde se veía un paisaje monumental… y cuando salía en sol se disfrutaba mucho mejor los colores rojos de las rocas del lugar.

Uno de esos días llegan dos porteños al campamento del parque. Se contactan con Daniel y nos vamos a recorrer los senderos que yo ya conocía de memoria.

La buena onda de esta gente llevó a Daniel a ofrecerles una excursión “prohibida” que incluía pasar la noche en el medio del valle que conforma el parque. Obviamente aceptaron y yo de fiel compañía.

Rubén es el nombre del mas carismático de los dos porteños, con el cuál tuve charlas muy interesantes. Me preguntó qué hacía yo allá? Y le respondí que no tenía nada que hacer en Buenos Aires y que volvía de otro viaje. ¿Y vos a qué te dedicas?, le pregunté. _ “soy discípulo y doy charlas y seminarios sobre las enseñanzas de Osho. Viajé a India y estuve en su comunidad escuchándolo y aprendiendo de él. Ahora viajo dando conferencias sobre sus enseñanzas. Trabajo mucho en Canadá. Además hago masaje tailandés”

Luego de muchas horas de transmitir nuestras vivencias, Rubén (este magnífico personaje) me dice:_”te admiro. La tenés clara! Tu manera de pensar, lo que hacés… a tu edad” ¿él me admira? Estamos todos locos!

Volví a Buenos Aires y fui a ver a un amigo que tenía un campo cerca de donde vivía en ese momento, Pilar. Jorge, mi amigo del campo, es otro personaje magnífico, que con sus 60 años tiene mas ganas de vivir que muchos otros que conozco. Hacía poco menos de un año que nos conocíamos y cada vez que iba en mi bici a verlo, quedábamos horas y horas charlando. Y luego de un par de buenos vinos, compartir mis andanzas por la cordillera de los Andes y música clásica de fondo me iba a dar unas vueltas por el parque alrededor de la casa y luego me iba a casa o me quedaba allá. En invierno era una costumbre quedarme al lado de la estufa a leña con uno de sus tantos libros.

En una de esas charlas, mientas él hablaba sin para, como es su costumbre, me acordé de Rubén (el que conocí en San Luis) y yo sabía que de algún lado me resultaba familiar la forma de hablar de uno y de otro. Y le pregunto a Jorge, interrumpiéndolo en su reflexión sobre la similitud de la pictografía precolombina y la filosofía oriental, qué sabe de Osho.

Alrededor de una hora se explayó (cosa que es bastante poco) de su resumen de la filosofía de Osho. Y se acercó a sus libros y sacó uno, precisamente de Osho.

Y ahí estaba yo, sentado al lado de la estufa a leña leyendo “Los Tres Tesoros, Vida, Amor, Risa”

Y hoy estoy en mi oficina, ayudando a una empresa a ganar casi cinco millones de pesos por mes, con un libro de un filósofo y maestro indú cuya reflexión lleva al autodesconocimiento y a dejar de lado lo material para encontrar lo espiritual. Pero después se contradice. Cosa que es normal en Osho. Además de escuchar a Kevin Johanse, otro de esa rama filosófica. Que haciendo memoria, Rubén me había comentado de Johansen como alguien muy zen y de música linda.

El sábado 27 de marzo vamos a ir a ver nuestro tercer recital de Johansen con mi hermana, otra que se está adaptando a la filosofía zen... por lo menos con la música.




(haciendo guardia, muy atento esperando provisiones... por tres días no comimos gracias a mi vigilia jaja)





(dentro de una de las cuevas)

2 comentarios:

Valèrie dijo...

Sam, vos no te das una idea del enorme placer que me genera leerte. Imaginate yo acá encerrada entre cuatro paredes la mayor parte del verano...y ahora perderme con mi imaginación dentro de las cuevas y los diferentes paisajes que fuiste reconstruyendo con tus palabras.
Realmente es admirable lo que hacés, se nota que disfrutás al máximo de tu trabajo. ¡Felicitaciones por aquella conferencia de años pasados! la verdad es que yo no sé si me animaría a algo así...espero que alguna vez sí.
Redundo con mis halagos sobre tus fotografías pero no puedo dejar de recalcar lo hermosa que es la de la cueva!
Y ahora que vos te explayás sobre la filosofia de Osho comentando cómo fue que llegaste a ella...recuerdo que es un autor que me tengo pendiente. En diciembre, cuando viajé a baires...el taxista que me llevó hasta la terminal cuando estaba a punto de emprender mi viaje de regreso...comenzó a contarme de sus lecturas, de sus historias de vida...y entre tanto terminamos hablando de la sincronicidad de ciertos sucesos, y ahí fue cuando me mencionó a Osho, y yo le dije que lo leería. Así que ya es hora de que vaya saldando mi cuenta con aquel carismático taxista. Tendré que averiguar por dónde comenzar y emprender mis lecturas :)

¡Ah! por cierto...hermoso lo que me contaste sobre la manada de pájaros...esas extrañas cosas de la vida que nos explicamos son lo que la hacen tan hermosa, ¿no?

Valèrie dijo...

Perdón, "esas extrañas cosas de la vida que NO nos explicamos", me saltié el "no".